Maria Argañara

Profesional
San Nicolás de los Arroyos, Buenos Aires

Acompañante terapéutico y estudiante de Psicología Social. Trabajo en el abordaje comunitario de consumos problemáticos, acompañando procesos donde el vínculo, la escucha y el sentido de pertenencia ocupan un lugar central. Pienso el cuidado como presencia, sostén y construcción colectiva.

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Apuntes desde el acompañamiento #2

"Lo que no se ve de una recaída"

Cuando alguien recae, muchas veces lo único que vemos es el consumo.

Pero una recaída no empieza ahí.

Empieza mucho antes. En un dolor que no encontró palabras. En una angustia que se escondió detrás de un "estoy bien". En una discusión que dejó heridas. En la soledad. En la vergüenza. En el cansancio de seguir luchando todos los días. En la idea, siempre engañosa, de que "por una sola vez no va a pasar nada".

Y después llega el consumo.

Con él aparecen la culpa, la frustración y la sensación de haber destruido todo lo construido. Muchos sienten que ya no merecen volver, que decepcionaron a quienes los acompañan o que ya no hay otra oportunidad.

Pero una recaída no borra el camino recorrido.

Duele. Tiene consecuencias. Nos invita a revisar qué pasó y a asumir responsabilidades. Pero también nos recuerda que la recuperación no es una línea recta. Es un proceso profundamente humano, lleno de avances, retrocesos y nuevos aprendizajes.

En el acompañamiento aprendimos que, detrás de cada recaída, casi siempre hay una necesidad que no pudo ser dicha.

Por eso, más que quedarnos en el juicio, elegimos seguir preguntando: ¿Qué te pasó? ¿Qué necesitabas? ¿Cómo podemos acompañarte para que esta caída no sea el final del camino?

Porque en una comunidad que abraza la vida como viene, una recaída no define a una persona.

La posibilidad de volver a empezar, tampoco.
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Apuntes desde el acompañamiento #1
"El vínculo antes que la intervención"

A veces pensamos que una persona empieza a recuperarse cuando deja de consumir.

Mi experiencia me enseñó que, muchas veces, el cambio empieza antes.

Empieza cuando alguien baja la guardia.

Y muchas veces eso sucede no por una gran intervención, sino por algo mucho más humano: la presencia.

En el trabajo con consumos problemáticos aprendí que el vínculo cambia cuando el otro percibe que no estás ahí para imponer, corregir o controlar, sino para acompañar.

Para estar.

Debajo del consumo casi siempre hay dolor.

Dolor que muchas veces viene acompañado de soledad, vacío, desamparo y bronca. Por eso me cuesta cuando desde afuera se simplifica todo en un “consume porque quiere”, como si no hubiera una historia, una herida y una persona detrás.

Ser esperado también cura.

Ser esperado es que alguien note tu ausencia.
Que reconozca tu voz antes de verte.
Que sepa tu nombre, tu manera de hablar, tus gestos, tus silencios.

Es saber que, para alguien, no sos invisible.

Hace más de un año compartí clases con un alumno. Leíamos juntos, conversábamos, debatíamos sobre los libros que elegía. Después se fue a internar y perdimos contacto.

Un año más tarde lo volví a ver.

Lo primero que hizo al reconocerme fue gritar de emoción y abrazarme.

Y ahí entendí, una vez más, por qué vale la pena.

A veces el sentido aparece así.

En un abrazo que te confirma que estuviste.

Que, para alguien, tu presencia dejó huella.

Porque nadie transforma su vida completamente en soledad✨
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